RECUERDO FAMILIAR DE 122 AÑOS.
- Bertha Diaz Olmos
- 10 nov 2021
- 3 Min. de lectura
YO SOY YO Y MIS DOCUMENTOS.
Esta fotografía fue hecha en 1898.
Son mis bisabuelos maternos el día de su boda.

Doña Francisca García de 16 años y
D. José Ascensión Olmos 45 años.
Mi bisabuela Doña Francisca de García, originaria de Jalisco, proveniente de una familia arruinada, acepta casarse con Ascensión Olmos de Zacatecas, viudo terrateniente.
Ascensión Olmos ya tenía dos hijos de su anterior matrimonio, que prácticamente tenían la edad de mi bisabuela. Como se acostumbraba que todos vivieran en la misma casona, no le hicieron la vida agradable a la joven desposada.
La unión duró entre diez y doce años, durante los cuales nacieron dos hijos varones: Pablo, mi abuelo Fortunato y una hija, Soledad.
Francisca García falleció de fiebres puerperales junto con su último bebé a la edad de veintiséis años.
Mi bisabuela Francisca, a pesar del corto tiempo que pudo convivir con sus hijos les inculcó su carácter bondadoso y dócil; así como respeto a los mayores y a sus decisiones.
El bisabuelo José Ascención volvió a casarse. Esta vez con una viuda, que no le dio hijos, pero que aportó una niña de su anterior marido al matrimonio. Al fallecer el bisabuelo, Doña Emeteria, que así se llamaba la tercera esposa, se apropió de los bienes y recuerdos familiares, entre ellos esta foto.
No fue hasta mucho tiempo después, cuando ésta única imagen de los bisabuelos, fue recuperada por la hermana del padre de mi mamá, la tía-abuela Soledad. Aunque aún pasarían casi otros 25 años, hasta 1975, cuando mi mamá pudo tener un recuerdo visual de sus abuelos y de su historia.
La única hija de mi bisabuela, Soledad, que había estudiado y trabajaba como maestra de pueblo, podía haber tenido una vida plena, casándose con un muchacho al que quería y de su misma educación; pero vio truncado ese deseo al ser raptada por un ranchero del pueblo. La tía abuela Soledad, para mantener su honor intacto, se casó con el ranchero que la raptó.
Mi abuelo de nombre de Fortunato, fue el segundo hijo de mi bisabuela Francisca. El también se vio obligado a casarse contra su voluntad con una jovencita a la que el bisabuelo consideraba adecuada para su hijo menor, porque la veía ir a misa todos los días. A pesar de que mi abuelo Fortunato tenía novia y estaba enamorado; pero obedece y se casa –con casi una desconocida, a la que nunca hubiera elegido como esposa. De esa unión –Fortunato y Margarita- nace mi mamá Olivia Olmos, única hija superviviente de tres hermanas que fallecieron antes de cumplir cinco años.
Mi mamá Olivia Olmos, al morir su padre a los 32 años en un accidente –y habiendo fallecido ya el bisabuelo dicen que de un ataque de bilis por lo que le pasó a su única hija- fue expulsada y despojada, junto con su madre Margarita´de la casona y de los bienes del padre y marido Fortunato, cuando ella solo tenía cinco años.
Es constitutivo del “ejercicio de vivir” la injusticia y el dolor.
Mi mamá vivió una infancia cruda. Aunque, por lo visto, su destino no era repetir el karma femenino que se inició con el matrimonio de mi bisabuela. Familiares por parte materna la acogieron en su casa aquí en la ciudad de México. Donde conoció a mi papá, se enamoraron, se casaron, tuvieron tres hijas y progresaron juntos. Años después mi mamá fue a presentar a su marido, un hombre culto, trabajador y responsable, junto a sus tres hijas, a sus parientes en Huanusco, Zacatecas. Mi mamá había superado su propio destino, convirtiéndose en una mujer educada, formal y bella. Incluso uno de los hermanastros de mi abuelo, se sintió obligado a devolver a mi mamá algo de las tierras de las que se apropió. También fue quien le obsequió esta foto.
Hasta hace quince años la casona familiar aún existía.

Estado de Zacatecas.






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