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"KALOS, EIDOS Y ESCOPEO. INSTRUMENTO PARA VER IMÁGENES BELLAS''


Llegaba a esa casa con los ojos brillantes y las mejillas frías, de la mano de una mujer silenciosa, tapada con un rebozo de bolita y un rosario negro en sus dedos. Escuchaba el sonido de la hilera de cuentas al ser depositada en la mesa del comedor, los pasos que se perdían camino de la cocina y los trinos de los canarios recluidos en jaulas inmaculadas. La mujer arropaba a su primera nieta -como a sus cinco hijos y a su marido- con los sabores y olores tradicionales de la cocina mexicana. Así que ponía la leche en un cazo, sacaba el molinillo, troceaba las tablillas de cacao artesanal y preparaba una espumosa jarra de chocolate.

Siempre volvían temprano de la iglesia, cuando los rayos de sol se filtraban a través de los cristales de la vidriera ámbar y cabriolaban sobre el mantel de la mesa. Mientras desayunaban, la niña intentaba atrapar los destellos que rebotaban en el mueble y preguntaba: “¿Por qué había luces de colores? ¿En dónde nacían?”


Cuando cumplió cinco años, la abuelita, que había sido maestra de pueblo, le regaló un objeto redondo y alargado de cartón forrado con papel azul de estrellas, y le dijo:


-Mira a través del tubo y gíralo al mismo tiempo.

De repente, aparecieron brillantes flores de cristal que cambiaban incesantemente, estallaban y reaparecían en triángulos y ondas. ¡Esferas bailando en el espacio! Tan entretenida estaba, que apenas escuchó la voz que le decía:


- Cada una de las formas es única e irrepetible, así que retenlas para que no las olvides.

Un día, quizá a fuerza de zarandear el juguete, se escaparon del cilindro unos objetos redondos y pulidos. “Son canicas”, le dijeron. Las miraba al trasluz y aparecían mundos dentro de una gota de agua o paisajes verdemar en miniatura.


Fue consciente de que aquello que acercaba a sus ojos era claro y definido, al contrario de lo que sucedía cuando intentaba mirar a la lejanía, donde apenas distinguía túneles por donde circulaban, alargados y ruidosos contornos fantasmales ¡el caos!


A medio camino entre el átomo y el universo, las luces de las vidrieras, el caleidoscopio y las canicas, fueron las veredas por las que transitó desde el infinito a la realidad. Nunca hubiera podido imaginar su tiempo cuando giraba sobre sí misma, en una franja abstracta, mientras sus dedos infantiles se calentaban en aquella mujer grande y protectora.



Concurso "Cada loco con su tema" Editorial Benma, México D.F., 2012.

Registro propiedad intelectual

M-007005/2012


 
 
 

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