CÁPSULAS DE REALIDAD. ADIESTRAMIENTO, GRAMÁTICA PARDA, LA OBSESIÓN.
- Bertha Diaz Olmos
- 14 oct 2021
- 4 Min. de lectura
Adiestramiento

Trece años de edad. Escuela secundaria.
Primera clase de natación.
Traje de baño completo, gorra de baño y sandalias.
La profesora mujer joven atlética,pelo rubio blanquecino, ojos azules, origen alemán, nombre Hilde.
Enfrente de mí, una alberca enorme y amenazadora, envuelta por el sonido ensordecedor de las turbinas de agua.
Una decena de niñas –con su correspondiente salvavidas- alineadas a la orilla de la alberca. La profesora subida a su plataforma, desde allí su voz resonaba por el altavoz: lanzarse al agua con los brazos estirados”. Mientras la escuchaba yo pensaba: entrará al agua con nosotras para enseñarnos los movimientos.
Desconcertadas obedecimos la orden y nos lanzamos, entre toses y estornudos sacamos la cara del agua y la Prof. Hilde dijo: ¡Yo ya sé nadar, Vds. no!, así que yo estaré aquí afuera observando por si alguna no puede salir.
Clic principio de realidad: nadie aprende por ti, se aprende solo.
Cuando me sumergí por debajo del agua, únicamente escuchaba los latidos de mi corazón y mis pensamientos.
En ese momento descubrí que somos individuos aislados, sujetos a vivir en singular. Nadie puede experimentar tu vida más que tú misma.
La profesora Hilde fue mi gurú de la condición de vivir.
Gramática parda.

No sé si era francesa o catalana,
se llamaba Edita.
Vivió en Brasil con su madre y su tía, huyendo de la persecución de los nazis a los judíos.
Regresó a España. Se asentó en Madrid. Diseñadora de prendas de alta costura.
Yo la conocí muchos años después -su madre y su tía ya habían fallecido- cuando convirtió su piso de más de doscientos metros cuadrados en residencia para estudiantes femeninas extranjeras -una habitación individual con derecho a cocina en zona cercana a la Universidad Complutense.
Además del pago de la habitación estaba la compra de artículos de limpieza y de comida; así que el tema de la organización del dinero era muy importante.
Una de las anécdotas que recuerdo está relacionada con el valor del peculio y la lección de no inhibirse ante conflictos relacionados con ello.
Como estudiantes, no era extraño que por retraso en recibir dinero, o simplemente porque había compañeras que les gustaba mucho salir a divertirse, algunas se excedieran y anduvieran pidiendo prestado.
No era chocante que justo aquellas que se sabía que no tenían problemas económicos se acercaran a pedirte y luego se hicieran las olvidadizas.
De acuerdo con la idiosincrasia mexicana, no es de buen gusto negarse a este tipo de préstamo, aunque supieras que quizá no te pagarían; no estaba bien visto perder amistades por exigir el pago de pequeñas cantidades.
Edita, superviviente de posguerra me dijo; no se trata de perder la educación porque reclames a quien te debe, que te pague.
Aquí en España exigimos el pago hasta de una pela/una peseta.
No se trata de dinero, se trata de hacerse respetar.
Clic. Eso era “gramática parda” de la que no se enseña en las universidades.
Edita amiga y tutora.
Añadir que la calle donde estaba la residencia, se llama Tutor.
La obsesión.

A veces el apego también se anuncia.
Yo no sabía que tenía ese tipo de patología hasta que me enamoré.
Tuve una relación compleja donde, desde la alegría impertinente, pasaba a la angustia de la sensación de sentirme perdida si sentía que me abandonaba.
Lo conocí de forma casual, pero en su aspecto reconocí todo aquello que me atraía en un hombre.
Digo que el apego se anunció porque cuando lo conocí –mi voz interior sensata me dijo: a este hombre le amarás con toda tu alma, pero te hará sufrir y llorar incomprensiblemente continuaras con él.
Su aspecto físico –tan familiar- a seis mil kilómetros de distancia de mi familia; su forma de moverse, su voz, esa aparente seguridad en sí mismo.
No fui yo la que se acercó, fue él. Me buscó, me observó, me conoció. Yo quería una historia romántica. Yo quería un héroe, yo quería un dios y él aceptó el papel.
Quería una historia sentimental que dejara huella, en la que hubiera pasión y misterio. Y todo eso fuimos y más. La consigna era no vivir la realidad, solo nuestra fantasía. Pero el misterio cansa y la angustia se cobra lágrimas y desesperación.
De ese sueño nacieron poemas pasionales.
Una vida en dos dimensiones.
Por un lado mi vida laboral y de estudios; por otra mi historia sentimental.
Mi obsesión durante más de dos décadas, centrada en nuestras conversaciones –analizadas por mí hasta el último artículo o verbo, indagando qué es lo que realmente quería decir o lo que se ocultaba detrás de su silencio.
Literatura amorosa experimentada por mí.
Después de mucho tiempo un día la realidad te reclama severamente.
Y caes de la nube. Reconoces que esa experiencia tuvo su momento y que es hora de decir basta. Reconoces que fuiste tú la que quisiste esa vivencia; que el otro solo fue el maniquí sobre el que fabricaste la historia. Lo afrontas y sin lamentos, decides, que es el momento de terminar. Haces inventario del tiempo compartido;
asumes que de esa forma tan completa no volverás a amar.
Y desde tu psique agradeces, ordenas los compartimentos de la sensatez y retornas, como el agua, a ocupar tu lugar en la realidad desafiante que te rodea.
Clic Todo en esta vida tiene un precio;
solo hay que saber si uno está dispuesto a pagarlo
con el limitado tiempo de existencia que nos toca vivir.






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