ARTES GRAFICAS Y LA TRADICION NAVIDEÑA MEXICANA.
- Dania Maldonado
- 1 dic 2021
- 2 Min. de lectura

Mi papá, al igual que muchos de nuestros familiares, se dedicó a las Artes Gráficas. Crecí con el olor de la tinta, el ruido de las máquinas, las cajas de tipos, la textura y los colores del papel impreso.
Con diciembre llegaba la fragancia de leña, de musgo, de heno. Las fiestas empezaban con una serie de tradiciones como las posadas, la compra de figuras para el Pesebre o Nacimiento y los adornos del Árbol de Navidad.
De todas ellas mi favorita era cuando mi papá llegaba a casa con las primeras frutas del invierno, llevando bajo el brazo, el grueso muestrario de Tarjetas de Navidad y el pequeño cuadernillo con diferentes tipos de letra.

Mi mamá, mis hermanas y yo disfrutábamos viendo aquellas hermosas tarjetas, unas con relieve dorado, otras con flecos. Imágenes de reproducción de pinturas europeas del Nacimiento del Niño Jesús, Árboles de Navidad, otras con motivos mexicanos; niños pidiendo posada, y a S. José, la Virgen y el Niño Jesús con facciones indígenas.

Después de ver todo el muestrario, escogíamos la que más nos gustaba para felicitar a nuestros familiares y amigos. Así que sentados alrededor de la mesa, hacíamos comentarios y preparábamos nuestras listas de direcciones. Mi papá se llevaba el código de las tarjetas elegidas, el tipo de letra y el mensaje. Recuerdo como se guardaba la notita y en pocos días, nos traía veinticinco tarjetas, ya impresas y con nuestro nombre, en una cajita transparente.

Navidad en las décadas de los sesenta y setenta era todo un acontecimiento; había que tomar en cuenta a todos nuestros familiares, sin olvidar ninguno, conseguir la dirección de esos chicos que nos gustaban y pensar la notita personal para cada uno. Para mi mamá, lo más importante era el momento de rotular los sobres. Recuerdo que estaba prácticamente encima de nosotras, para que escribiéramos con letra bonita e impecable ortografía. Además, personalizábamos los sobres con dibujos de hojas doradas, escarcha, esferas, o piñas. Enviar y recibir Tarjetas de Navidad formaba parte de los rituales navideños.


Las recibimos del extranjero, de provincia, incluso de los vecinos que vivían a dos puertas de nosotros. Luego, las colgábamos en el Árbol de Navidad que estaba justo al lado del Nacimiento o Pesebre, organizado con figuras de barro de San José, La Virgen, el Niño Jesús, incluyendo pastores, fuentes, palmeras o lagos -aunque éste no estaba completo hasta el cinco de enero, con la llegada de Los Reyes Magos.
El muestrario tambien era otra forma de hacer amigos, lo circulábamos entre nuestros vecinos y si hacían un pedido, mi padre nos daba una comisión para comprar regalos.

El diciembre de mi niñez y adolescencia se presentaba con un frío que no calaba -pero que obligaba al uso del abrigo; las Flores de Nochebuena;
el aroma del ponche que preparaba mi mamá con guayabas, cañas, tejocotes; las canastitas de colación y las tarjetas colgando del Árbol de Navidad.









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